1 Agosto 2003,
Decidimos subir por la Moskowa por dos motivos: ser la primera
ascensión oficial que se hizo al Vignemale en 1837 por Lady
Lyster y sobre todo evitar el tumulto de gente que todos los
veranos hay por la vía normal. Eso si, en dos jornadas.
Con cierta limitación tanto física como de edad, queríamos
disfrutar de la montaña y no padecer innecesariamente en ella.
El primer día llegamos hasta la cabaña de Cerbillonar sobre las
14h, comimos, echamos la siesta, y sobre la 17h comenzamos la
ascensión con la idea de hacer noche en el Circo de Labaza.
El punto de referencia para comenzar la ascensión es la torrentera
que baja del Circo de Labaza, pero los primeros metros tienen
bastante desnivel y decidimos pasarla unos 100m, tomar una
diagonal, menos inclinada, que nos llevaria otra vez directamente
a la torrentera. Nos encontramos con un pastor muy agradable que,
al igual como había leído en algunos relatos, nos advirtió que una
vez pasado el corredor intentásemos salir de él por la parte
izquierda, si saliamos por la derecha llegaria un momento que te
encuentras en un callejón sin salida. Era una de las preocupaciones
que teníamos, llegar a ese punto y equivocarnos.
Llega un momento que tienes necesariamente que abandonar la
torrentera, dejándotela a la derecha, y es aquí donde cometimos
la primera equivocación: No abastecernos de agua. Pensábamos que
mas arriba volveríamos a coincidir con ella y no fué así. Seguimos
subiendo con una verticalidad pasmante directos hacia la gran
placa de Labaza, que era nuestro objetivo para hacer noche. Pero
aquí llegó nuestra segunda equivocación: El sol se disponía a
jugar al escondite con nosotros, yo particularmente estaba agotado
con esos 13-14kg en mi espalda intentando llegar al suelo, y la
diferencia entre lo que nos faltaba para llegar al Circo y nuestra
capacidad de respuesta nos era netamente desfavorable, solución...
Pararnos y mañana será otro día.
Sacamos hielo de un nevero cercano -estábamos secos-, lo
acondicionamos con el hornillo, las pastillas de "Harry Potter" y
el Tang. Nos salio un granizado de limón cojonudo. Otro importante
inconveniente era donde poder plantar los míseros sacos para pasar
la noche, os aseguro que no encontrábamos un palmo de terreno
ligeramente llano y sin piedras que pudieran amargarte la noche.
Era como si la ley de la gravedad nos quisiera hacer un reto para
pasar la noche. Dejamos las mochilas, ojeamos el terreno, y a unos
60m encontramos la base de una pequeña torrentera seca, que una
vez acondicionada, parecía seria suficiente para pasar la noche
-eso si, Dios mío que no llueva !!!! -.
En cuanto el sol nos hizo el último guiño en el horizonte y empezó
a levantarse un poco de viento...al saco.
Estábamos cansados -yo mucho mas que mi compañero Matías, al cual
le comenté que al día siguiente abandonaba, él aún cenó y se
entretuvo en jugar con la linterna asustando a las ovejas-.
Recuerdo me desperté en cantidad de ocasiones y en cada una de
ellas me deleitaba observando ese cielo estrellado y a la vez
resplandeciente -no había luna-, ese viento a veces molesto y frío
que azotaba la poca superficie de cara que te atrevías a sacar del
saco, esa oscuridad de niño temida, ese silencio que te hace oír
recuerdos del pasado, en definitiva... ese encanto de la soledad.
Esa noche es uno de los recuerdos que mejor conservaré de esta
aventura.
Amaneció y todo lo padecido pasó a formar parte del recuerdo.
Desayunamos, recogimos y para arriba. Llegamos al Circo de
labaza al que nunca se pierde de vista y allí aprovechamos el
descanso para ir de nuevo a la heladería, sabíamos que hasta el
glaciar, no íbamos a tener posibilidad alguna de abastecernos
nuevamente de agua.
Una vez en el circo se ve pasmosamente por donde hay que subir.
Miras al frente: enorme y vertical placa blanca de Labaza,
miras a la derecha: tontería mirar, porque por hay, no es
-jajajaja-, y miras a la izquierda: Pala de nieve, montaña a un
lado, montaña a otro, estrechamiento y una vez fuera del
estrechamiento, otra pala de nieve... ¿Que es? CORREDOR DE LA MOSKOWA.
Nos pusimos los neumáticos de hielo, cambiamos los bastones por el
piolet, hicimos algunas fotos para que las familias viesen donde
habíamos cometido el error -jajajaja- y con mucho respeto
comenzamos la verdadera ascensión. Hasta el momento todo había
sido cuestión de resistencia física, ningún peligro. Ahora a esto
había que sumarle nuestro desconocimiento del lugar, el tanto por
ciento de inclinación que crecía por momentos, la duda de la
correcta utilización de los crampones y piolet en algún momento de
necesidad, la inquietud de aquello que nos dijo el pastor, el
peligro de tener que bajar lo subido si fuera necesario... en
definitiva todo eso que te hace disfrutar de la montaña, -cuando
consigue tu objetivo-, sin ningún guía que te vaya diciendo donde
debes poner el pie derecho para no caerte.
La pendiente se acentuaba vertiginosamente, la mochila hacia el
intento de seguir una dirección opuesta a la mía, miraba para
arriba y Matías se alejaba cada vez mas haciendo de mi esfuerzo
una agonía, -seguro que si resbalo no le va a dar tiempo ni a
despedirse -jajajaja- y había momentos que tenia que recurrir a la
técnica de la vieja -un pasito pie derecho, piolet, otro pasito
pie izquierdo y mano en la rodilla, piolet, etc-. El llegó al
final de la pala de nieve y yo aun estaba saliendo del
estrechamiento. Estaba agotado, leñe !!!
En esta ocasión nosotros encontramos el corredor con la
forma de un reloj de arena y al salir del estrechamiento se podía
observar al final de la segunda pala de nieve una serie de huecos
o chimeneas. Lo mejor es no abandonar la pala de nieve por el lado
izquierdo y se llega directamente al punto correcto. Observamos el
camino recorrido y, dada nuestra inexperiencia, si tuviesemos que
bajar de nuevo seguro que hubiesemos utilizado la cuerda.
Es el momento de guardar los crampones y el piolet, para dejar
totalmente operativas las manos. Llegamos a una chimenea con
un picacho en el lado izquierdo bastante identificable. La trepada
es fácil pero no hay que descuidarse aunque tenga buenos agarres.
Incluso llega a ser divertida, de veras.
Sales de la chimenea y... Zas!!! IMPRESIONANTE: el vacio. Vaya imagen
más espectacular, me hubiera quedado horas observando. Hemos
salido directamente a la arista SW de la Aguja del Cerbillona.
Es bastante asequible, sin embargo si hubiésemos salido unos metros
mas abajo la arista es mucho más aguda y complicada. Es importante
elegir bien la chimenea de acceso. No tuvimos ningún problema en
pasarla a pesar de lo cargados que íbamos, tiene muy buenos
agarres.
Al salir de la arista se veía perfectamente el collado lady
Lyster a nuestra derecha, contradicción del mapa de Alpina
que te saca directamente al collado, y no es así. Era cuestión de
trazar una diagonal ascendente hacia la derecha y objetivo
cumplido, pero... Problema a la vista.
El terreno a la vez que demasiado inclinado tenia, demasiada
piedra suelta y resultaba muy inestable. Me imagino que cubierto
de nieve seria mas asequible el ascenso. No queríamos correr
riesgos al final y decidimos volver a la, cada vez mas ancha,
arista del Cerbillona para subir directamente a este
pico.
Un último esfuerzo y objetivo cumplido !!!... estamos a 3.247m de
altitud. A nuestra derecha el collado Lyster, el Central y el
Monferrat, a nuestra izquierda el collado de Cerbillona, el Clot
de la Hount, el Vignemale, Pitón Carré... y delante: el
impresionante y soñado Glacier d´Ossoue.
Después de monear un poco con las cámaras, y volver a hacernos
nuestro famoso granizado, nos dirigimos a la base del Vignemale.
La poca gente que quedaba se estaba marchando y comenzamos la
ascensión, sin mochilas y prácticamente solos, por lo que el
peligro de las piedras sueltas era casi inexistente. Os recomiendo
realizar la subida por la zona mas marrón que veréis claramente
en la parte izquierda de cualquier foto. Aunque muy inclinada
tiene buenos agarres, siendo el único cuidado el protegerte de
algún cascote que llegue de arriba.
En pocos minutos llegamos a la arista que nos llevará
directamente a culminar nuestro objetivo... VIGNEMALE 3.298 m.
de altitud. Otra imagen para el recuerdo fue la soledad de la
cumbre, pues a los pocos minutos de llegar, los únicos dos
chavales que habían allí arriba -habían subido escalando no sé por
donde- se marcharon y nos quedamos totalmente solos.
Nos hubiéramos quedado horas y horas allí arriba observando en el
horizonte tanto y tantos objetivos, unos cumplidos y otros por
cumplir: Garmo Negro, Anayet, Ossau, Balaitous, Gabizos, Monné,
Viscos, Ardides, Midi Bigorré, Néouvielle, Pic Long, Munia,
Posets, Taillon, Gabietos etc.etc.etc. pero era tarde y por lo que
se veía desde allí arriba el camino hacia el refugio de
Bayssellance lo íbamos a relizar sin ningún tipo de
compañía, solo se veían a lo lejos los dos franceses de la cumbre,
que se alejaban por el glaciar. El descenso lo realizamos por el
mismo sitio -roca marrón-, de vez en cuando apoyábamos el culete
en la roca y para abajo. Cargamos las mochilas y nos acercamos a
ver el corredor de Gaube -no se veía gran cosa- pero al
fondo si que pudimos contemplar el refugio de Oulettes de Gaube
y la subida zigzagueante al collado de Hourquette d´Ossoue.
La platea del Glaciar es realmente curiosa. Estaba misteriosamente
ondulada y decidimos no salirnos del rastro perfectamente visible
dejado por la cantidad de gente que sube en estas fechas. Cuando
empieza realmente el descenso del glaciar es cuando te das cuenta
de la cantidad de grietas que teníamos a nuestro alrededor, no muy
grandes pero que causan cierto respeto, algunas de ellas bastante
cerca del sendero. La bajada se hacia interminable y observabas a
cada paso lo dura que también debería ser la subida por este lado.
Llegamos al final del Glaciar justo debajo del Petit Vignemale,
nos quitamos los crampones, cambiamos el piolet por los bastones y
nos dirigimos hacia el cruce de caminos, uno que sube al refugio
de Baysellance y el otro que baja a la presa d´Ossoue. El primero
de ellos bastante agotador dado el cansancio acumulado que
llevabamos.
Llegamos al refugio y particularmente quedé negativamente
sorprendido... vaya hotel, amiguetes!! Por tener, tenia hasta una
pizarra en la puerta del refugio con varios menús y sus
correspondientes precios -solo faltaba un botones que te
recogiese la mochila a la entrada-, limpio, aseado, coqueto,
servicios y ducha impecables que podías utilizar sin estar
hospedado en él, lavadero en los servicios, una fuente en la
puerta...perfecto, pero excesivo. Igual no soy muy objetivo con
estos comentarios, pero la verdad es que pienso que no son
necesarios tantos lujos para disfrutar de la montaña y por este
camino, esta actividad irá poco a poco perdiendo la magia que
tanto buscamos en ella -y si no fijaros lo que a pasado en los
Picos de Europa, con el tren cremallera de Bulnes-. Los
refugios deberían de ser para eso... refugiarse. Lo siento, es mi
opinión.
Volvimos a vivaquear en los alrededores del refugio por si
el tiempo nos jugaba una mala pasada, pero esa noche fue muy
diferente a la que pasamos en la Moskowa. Demasiada gente,
demasiados ruidos, demasiada compañía y demasiados restos de
excrementos de ovejas cerca de nosotros. Prefiero lo enigmático y
misterioso de la soledad, me quedo con la Moskowa.
Al día siguiente emprendimos el descenso hacia Gavarnie.
Pasamos por las cuevas del "conde", que están un poco mas
abajo del cruce de caminos anteriormente mencionado... Curiosas,
muy curiosas. Nos encontramos un nevero taladrado interiormente
por una torrentera que baja del glaciar, formando una cueva en el
hielo, digna de observar y adentrarse en ella. Y por fin llegamos
a la presa. El camino desde el refugio desciende vertiginosamente
hacia el valle y dadas las caritas de los que subían nos alegramos
de estar bajando y no subiendo como ellos. Eso si !!! Me cansé de
decir "Bon jour" y "Bon Soir"... si todos iban al refugio, me parece
que iban a tener que dormir por turnos. Descansamos en la presa y
continuamos hacia gavarnie por la monótona y fatigosa pista
asfaltada que lleva al pueblo -pensamos hacer dedo pero, dada
nuestra edad, no lo vimos correcto -jajajaja-.
Y en Gavarnie, dos cosas a resaltar una buena y otra mala:
LA BUENA, estuvimos en un refugio urbano de un tal Jhon -bueno
seria Ion, porque era Vasco- un tio basteante majo, esta justo
detrás de la oficina de información, giras a la izquierda y la
casa mas chunga... esa es la suya... pero muy acogedora de veras. No
dudeis en hospedaros allí. Y LA MALA: los "listillos" de los
franceses tienen el alcohol por las nubes. Te cobraban por una
cerveza, en el pueblo y en maquina 2,50 Euros, ...Joder!! Como para
pedirse un cognac. Ah!!! Y todo en Frances. -jajaja-
Al día siguiente fuimos hasta el circo por un camino que sale del
cementerio y te lleva a la Gran Cascada, sin tener que
encontrarte en ningún momento, ni con los turista que suben en
burro, ni con los excrementos de estos últimos -fue un consejo de
Ion-. Al regreso, Ion, nos subió con su furgoneta hasta el
collado de Bujaruelo -a cambio de 20 Euros- ...y pim, pam, pim,
pam cabaña de las electricas, San Nicolas de Bujaruelo,
donde teníamos el coche ...y para casa.
Nota: Si en ningún momento he mencionado los tiempos
utilizados es porque nadie nos esperaba para cenar o dormir, no
nos iban a cerrar ninguna puerta, no nos importaba lo que
tardásemos en subir, y con todo en la mochila nuestra única
preocupación eran las condiciones meteorológicas, lo demás: era
aleatorio. -jajajaja, como los "maquis"- Os lo recomiendo.
Termino Vignemale 2003 y comienza la ilusión para preparar: ...¿ ?...
2004.
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Textos: Eduardo Anguis Medina
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