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Ruta de l'ascensió
© David Villacampa
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El sábado, después de ver como corea eliminaba a
España en el mundial, nos reunimos David, Alex y yo en la parada
de metro de Palau Reial para ir a recoger a Gloria minutos
después a Martorell y dirigirnos los cuatro hacia Benasque.
El día había salido soleado, demasiado para nuestro gusto, y nuestro
amigo lorenzo picaba como nunca. Se notaba que teníamos el verano ya encima.
Sobre las 18 de la tarde llegamos a Benasque y paramos un momento a
recoger un poco de agua para la pequeña travesía que nos esperaba.
La intención del primer día era llegar en coche hasta La Besurta y
subir a acampar a los Ibones de La Renclusa.
Al llegar a La Besurta, aquello más que un paraje de montaña parecía
una romería de semana santa en Sevilla. Un centenar de coches se
agolpaban en el "parking" de La Besurta y la gente aparecía por
todos lados.
Se acercaba la hora de cargar las mochillas pesadas
y intentábamos hacernos los remolones todo lo que podíamos. Mirar
mapas, mirar ruta, beber agua... pero se hizo inevitable. El peso
de las mochilas en los hombros nos hizo recordar lo dura que es la
montaña a veces y lo bien que se está en verano en las terracitas de
los bares. Pero al fin y al cabo.. "sarna con gusto no pica".
Habíamos venido a hacer la Maladeta. La primera vez que la
intentamos, en diciembre del 2000, acampamos en La Besurta, y una
noche helada (-8 grados) nos quito las ganas al día siguiente de
intentar la cima. Esta vez no había excusas. ¡Íbamos a por la
Maladeta!
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Así que con el peso de las mochilas en nuestras
espaldas ascendiamos por el camino hacia el refugio de La Renclusa,
primera parada de nuestra ascensión. Subiendo por el camino, nos
íbamos sorprendiendo de la cantidad de gente que bajaba. "Tanta
gente por aquí es raro, ¿no?", nos íbamos preguntando. Nos pasaron
por al lado unos montañeros con unos palos de hierro de mas de 2
metros, y ya no sabíamos que pensar. Al poco rato baja otro
montañero con una especie de muñeco en la espalda. Esto ya rayaba
lo surrealista. Unos metros mas adelante, mas gente con palos.
Me paro a preguntarle a una señora y me dice que había un simulacro
de rescate.¡¡¡ En su cabeza si que había un simulacro de cerebro!!!!.
Mas adelante, paro a otro que llevaba un muñeco. Eran los montañeros
de Barbastro que habían subido dos cabezudos a la cima del aneto!.
Con dos webos estos maños!!!!
Cuando dejamos pasar a toda esta marabunta de gente, pudimos
proseguir nuestra marcha con mas tranquilidad. El calor era
asfixiante, y cualquier sombra era motivo de excusa para hacer
una paradita a respirar. Llegamos al refugio de La Renclusa Gloria
y yo primeros y nos paramos a mirar el mapa mientras esperábamos a
David y Alex. Al llegar, a Alex le dio un pequeño mareo,
consecuencia de un susto que se llevó. Le habían salido unas
burbujitas en los brazos, debido al calor y al aire. No pasó de ahí.
Un zumito y un poco de descanso lo cura todo.
Ahora desde el refugio de la Renclusa, debíamos desviarnos a la
derecha(dejando el camino de ascensión al aneto a la izquierda)
para ir hacia los Ibones de la Renclusa. La subida es muy agradable
y se hace con mucha sombra debido a los árboles que rodean el
camino. Daba gusto pararse a contemplar el agua que llevaba el río.
Daba una sensación de poder, de fuerza, de estar en estado salvaje.
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Una vez llegados al ibon, el problema estuvo en
encontrar algún sitio mas o menos plano para montar las dos
tiendas. Al final, casi con escuadra y cartabón encontramos dos
sitios medio decentes para plantar tiendas. Desde aquí, ya se veía
la ruta que íbamos a seguir. En vez de subir por la ruta del Aneto,
flanquearíamos desde los ibones hacia el pico de la Maladeta de una
manera muy directa, pero no tan empinada como la del aneto. Ya se
veía mas cerca nuestro objetivo. Pero antes de eso...
Hora de cenar!!!.
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Campo Base: Ibón de Paderna
© David Villacampa
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Durante la cena contamos con la inestimable
compañía de unos 300 mosquitos. Creo que vinieron todos los del
macizo a saludarnos. Que gran detalle!!!. Así que comida rápida y a
los sacos, que a las 6 tocábamos diana!!!.
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Primeros desniveles
© David Villacampa
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El día 23 amaneció fantástico. Ni una nube, buena
temperatura y muchas ganas de hacer cima. En poco mas de 30 minutos
estábamos listos y dispuestos a comenzar la ascensión. La primera
media hora subíamos en línea recta a buscar la cima por un terreno
de hierba y poca piedra muy cómodo.
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Se ascendía muy rápido y sin
problemas. Al llegar a las primeras pendientes de nieve, ya nos
sobraba toda la ropa, y empezamos a quedarnos en mangas de camisa y
a bañar a nuestro cuerpo de la necesaria crema solar que después
tanto agradeceríamos.
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Glaciar y Pico de la
Maladeta
© David Villacampa
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La nieve estaba en un perfecto estado. Ni blanda ni
dura. Nos asentábamos bien en ella. Gloria y yo ascendíamos por la
parte mas alejada de los portillones a buscar el Glaciar,
aprovechando las pendientes de nieve. David y Alex, decidieron
buscar mas directamente la ascensión y subir mas cerca de los
Portillones. Al final , coincidiríamos en el mismo punto, en el
principio del Glaciar.
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Ya solo nos separaba de la cima el Glaciar y el
famoso Collado de la Rimaya. Siguiendo la huella de los esquiadores
que también subían a la Maladeta, nos plantamos en una hora en el
Collado de la Rimaya. La Rimaya es evidente. Por la parte izquierda
es de unos 20 metros de lago y uno de ancho. Por la parte derecha,
mas corta, pero igual de ancha.
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Rimaya
© David Villacampa
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Atacando el Collado de la Rimaya
© David Villacampa
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Solo nos queda un pasillo de un metro de ancho para
pasar. Nos ponemos los crampones de rigor, ya que al pasar la
Rimaya, nos queda una pala de nieve y roca de unos 50 metros de alto
y unos 40º de inclinación. Paso primero por la Rimaya y primer susto
de la mañana. Se me hunde la pierna hasta la ingle y caigo hacia
delante. Salgo lo mas rápido que puedo y miro el agujero que queda.
Santa potra bendita.... Gloria, Alex y David pasan sin mas
problemas.
Al final de la canal, la roca y el hielo nos dan un poco de
problemas , pero llegamos ya a la cresta final. Unos bloques de
piedra por aquí, otros por allá, y a las 10:50 de la mañana estamos
en la cima de la Maladeta.
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Últimos bloques para
alcanzar la cima.
© David Villacampa
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La Colla en la cima de la
Maladeta
© David Villacampa
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Impresionantes las vistas. Al fondo Aneto, Coronas,
Pico del Medio, Punta Astorg, Maldito, Mulleres... por el otro lado
Posets, Perdiguero, Monte Perdido a lo lejos...
El glaciar del aneto esta a nuestros pies. Se ven hileras de gente,
como hormigas, en presesión hacia el Aneto. Y nosotros en la cima,
no mas de 8 personas. Al poco de estar en la cima comienza a hacer
un poco de viento. La estancia se hace incomoda. Hace frío. Y
tenemos que bajar. Alex y yo decidimos bajar hasta el principio de
la rampa que lleva al collado de la rimaya.
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Pico Abadias.
© David Villacampa
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David y Gloria una
deciden explorar un poco mas la cresta. Desde abajo les vemos como
figuritas bailando por la cresta. En un momento de su travesía, se
les aparece un escalador a mitad de cresta, y nuestros dos
compañeros son observadores privilegiados de una gran imprudencia.
Dos personas mas estaban en mitad de una pared, intentando subir.
Sin cuerda y uno de ellos sin experiencia. Menos mal que uno de los
dos hizo varios viajes hacia arriba y abajo y consiguieron subir
todos sanos y salvo. Nuestros compañeros se reunieron en breve con
nosotros.
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Vistas del Glaciar desde el
Collado de la Rimaya
© David Villacampa
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Quedaban 50 metros que no nos gustaban a ninguno
para llegar a una zona mas tranquila. Alex no se fiaba de la pared
y se pone los crampones. Gloria hace lo mismo. David y yo decidimos
ponérnoslos mas abajo. Mal hecho. David se pone en cabeza y baja.
Yo le sigo. En un punto de la pared, resbalo con el hielo y por obra
del santo piolet grivel, consigo frenar mi caída con el, clavándolo
entre la pared y y una piedra. Hace palanca. Perfecto. No se mueve.
Me agarro a él como si fuera mi amante en invierno!!!. David y yo
nos agarramos como podemos y nos estabilizamos. A ponerse los
crampones.. pero ya!!! En mala postura nos los ponemos y comenzamos
a bajar. Las chicas bajan mucho mejor que nosotros.
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Ya solo queda la Rimaya. Para mi sorpresa, no solo esta mi
agujero...sino que hay otro. Algún otro se ha llevado un susto como
el mío. Ahora el paso se reduce a escasos dos palmos. Pero en la
mente esta el susto aun. Valor, carrerilla y a correr!!!! Lo paso!!
Se acabó la tensión. Gloria pasa detrás. Alex y David cierran el
grupo y pasan también. Nos hemos ganado un buen trago de agua.
Todos tenemos la garganta seca de la tensión. Aun detrás nuestros
bajaron los intrépidos cresteros, sin piolet ni crampones.!! Pero
bajaron.
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Por fin, ya solo nos quedaba por delante mucha
nieve, sin grietas, y en buen estado. Que bien se baja con una
cima en el bolsillo y habiendo pasado ya lo peor. En poco rato
alcanzamos de nuevo las tiendas y nos damos una merecida comida. Ya
no importa si pica el sol, si hace calor, si nos duelen los huesos
y los pies. Ahora estamos contentos y tranquilos. De esta manera,
desmontamos tiendas y comenzamos a bajar hacia el refugio.
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Un descanso, después del
esfuerzo.
© David Villacampa
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En vez de bajar por el camino de subida, tomamos el camino del otro
lado del río. Todos pensábamos que habría algún paso para cruzar el
río. Llegamos al final y para sorpresa nuestra, donde el camino
finalizaba, no había manera de cruzar el río. Otra vez hacia
arriba!! A buscar un paso entre las rocas. Ya nos veíamos en el
ibón para tomar el camino bueno. A mitad de subida encontramos un
paso. De aquí a allí. Salto de esta piedra a la otra y tiro porque
me toca. Mojándonos las botas un poco, pasamos al otro lado.
Por fin!!! Se acabaron los sustos! Ya veíamos el coche y para
nosotros eso fue la mayor bendición del día. La llegada al coche
después de 10 horas de caminata fue un alivio. El sacarnos las
botas, tirar las mochilas, pero con las caras de satisfacción dejaba
entrever que habíamos disfrutado mucho con esta cima. Nos la hemos
ganado. Y los helados en Castejon de Sos también!!!!.
En fin, que gran fin de semana, que gran cima y que grandes
compañeros. Sin ellos la cima no es lo mismo. Una verbena
perfecta!!!!!!
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Textos: Claudio Muñoz
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Fotos: David Villacampa
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