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La cumbre del Molières era un reto a superar. Tanto a David como a
mi nos habían hablado de esta montaña. La gente experta nos lo
"pintaban" como una cima importante, de aquellas que todo buen
alpinista tenía que conquistar. Ya era un aliciente bastante
significativo para que nos dispusiéramos a ascenderlo.
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Tuc de Molières 3.010 m.
© David Villacampa
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Esta vez la Colla se había dividido en dos grupos. Unos harían el
Tempestades y otros el Molières, con la ilusión de vernos cara a
cara en las dos cimas. Así podríamos hacer un reportaje completo
de las dos caras.
De acuerdo con la decisión, el gripo formado por Alex, David y Albert
salimos dirección a Vielha, donde poco antes del túnel -al
macro refugio de l¡Espitau de Vielha- dejaríamos el coche.
Ya desde aquí podíamos disfrutar del imponente valle del Molières,
con el Tuc nevado al fondo, cosa que nos hizo decidir coger los
crampones y el piolet por si las moscas.
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Bosque de hayas.
© David Villacampa
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Con las mochilas cargadas, iniciemos el ascenso al refugio vivac
del Molières.
Iniciamos la ruta atravesando la carretera del túnel hacia el otro
lado, una amplia pista que se adentra por el valle. Al poco, una
cartel nos dirije por una senda hacia un bonito bosque de hayas,
siempre a la derecha del río.
Hojas caídas, árboles desnudos y olor a humedad. Es pleno otoño y el
bosque nos premia con este paisaje.
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Cascada de agua.
© David Villacampa
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Poco a poco, vamos ganando altura. A la media hora encontramos una
impresionante cascada de agua. David decide hacer las fotos a la
bajada, al ver que no tiene suficiente luz para hacerlas en este
momento.
Superamos la cascada y llegamos a un plano -eth Plan dera Rasa-,
donde el río forma unos canchales característicos. Pasamos por medio,
siguiendo las marcas que ya no dejaríamos hasta la cima. Al final del
plano, nos topamos con una pared con una segunda cascada de agua. El
rugido del agua me ensorda; la fuerza con la que cae forma gran
cantidad de espuma y parece un bullidor.
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Superamos el contrafuerte por un camino a la derecha, llegando a la
Pleta Natua. Plano parecido a un desierto de rocas, las cuales vamos
superando saltando sobre ellas, siguiendo las marcas. En una de
ellas hacemos una merecida parada. David va cargado como una mula,
como de costumbre, y la espalda empieza a sufrir. Alex saca su
cantimplora i bebemos un poco de agua.
Observamos las impresionantes crestas escarpadas de los Tucs de la
Tallada, que quedan a nuestra izquierda.
Al llegar al final de roquedo, nos topamos con otra pared
(1 h 45 minutos). Las marcas nos conducen por una canaleta a la
derecha de esta. En fuertes lazadas y por camino con piedras,
vamos ganando altura y superamos el obstáculo.
La noche se nos tira encima y la niebla empieza a envolvernos,
haciendo el panorama un poco fantasmórico. Sacamos los frontales,
nos juntamos los tres y vamos siguiendo las marcas sin perderlas de
vista.
En dos horas y media, encontramos -o intuïm millor dit- el primer
lago de Molières. Nosotros, convencidos de las marcas nos llevarían
directamente al refugio, vamos siguiendo las marcas por entre la
niebla.
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Refugio vivac de Molières
© David Villacampa
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Estuvimos un buen rato intentando encontrar el maldito refugio,
llendo un poco hacia delante, reculando otro poco, mirando el mapa.
Esto tiene que estar por aquí!, pero la maldita niebla no nos dejaba
ver nada. La situación empeoraba y se hacía más desesperante.
Debíamos estar rodeándolo pero no lo encontrábamos.
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Después de una hora buscando y chillando por si alguien del
refugio nos oía, y abatidos por la circustancia, decidimos hacer un
vivac entre dos rocas. Pero Albert que no se da por vencido hace
una última búsqueda. Milagro!, una luz, como si de un ángel oscuro,
surge entre la penumbra: alguien nos chilla. Si, si, es alguien del
refugio. Nos ilumina indicándonos el camino a seguir. Salvados!
Después de dar las gracias a los compañeros por salvarnos de lo que
podía haber sido una noche infernal, descargamos las mochilas en el
interior del refugio. Es pequeño, de color naranja con una franja
azul para poderlo visualizar desde cualquier punto, equipado con
tres literas por banda, con lo que, como mucho, caben doce personas.
Ahora, en total estábamos diez. Para cocinar, fuera en la fresca,
jeje.
Mientras David calentaba los macarrones de plástico en el hornillo,
miramos al cielo. Está estrellado, pero la niebla va y viene.
Temblando cono unas hojas, cenamos. Será hora de irse a dormir. Hoy
todavía podremos dormir una hora más, por el cambio de horario.
Aprovechémoslo.
Diez horas!, diez horas dormiendo plácidamente en el refugio, tanto
que, al principio, nos hace un poco de mandra levantarnos.
En media hora nos espavilamos y nos preparamos la mochila de ataque.
Alex nos proporciona unas gustosas mandarinas, ideales para coger
energías para la ascensión.
Con las primeras luces del día llegando por nuestras espaldas y,
casi al mismo tiempo que los otros compañeros del refugio, iniciamos
la ascensión al Tuc de Molières, ahora delante nuestro.
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Primeros desniveles.
© David Villacampa
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Empezamos la ascensión hacía los lagos de Mulleres -debajo nuestro-
para coger las marcas que nos llevarían hasta la cima. El camino,
cada vez más rocoso, empieza a ganar altura.
Llegando a la altura del último lago, el camino gira
bruscamente a la derecha, enfilándose entre piedras para superar
el gran bloque que había delante nuestro.
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Superado este tramo, el
camino se convierte en un rocoso, que íbamos superando en diagonal
hacía la derecha, con el Tuc de Molières delante nuestro y el
impresionante Pas de Cavall al medio, separándolo de otra cima
cercana.
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Collado y Tuc de Molières
© David Villacampa
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Con las primeras clapas de nieve, hacemos una breve parada para
recuperar fuerzas. Ya estamos en una cota que ronda los 2.500 metros
de altura y la nieve que cayó la semana pasada hace acto de
presencia. Un poco de agua y una almendras aportan lo necesario para
llegar a la cima.
Ahora la ascensión se hace un poco más dura. El desnivel es más
fuerte y el camino de rocas y nieve nos hacen sudar un poco.
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Collado y Tuc de Molières
© David Villacampa
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Al cabo de una hora y tres cuartos, llegamos al pie del Collado del
Molières. La ascensión requiere una corta trepada de primer grado,
fácil pero entretenida. Es necesario ir con cuidado de donde
ponemos los pies y las manos y de no perder de vista las marcas
que nos guiarán al Collado.
Alex dedica un cierto tiempo al subir, mientras David aprovecha para
hacerla unas fotos.
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Alex trepando en el Collado de Molières
© David Villacampa
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Cresta del Tuc de Molières
© David Villacampa
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Una bofetada de viento congelado nos indica que hemos llegado al
collado. La imágen es espectacular. Mientras que por el valle que
habíamos subido estaba casi pelado de nieve, por el otro lado
parecía de postal. Incluso, el Llac del Hòro estaba helado.
La cima la teníamos muy cerca, a nuestra izquierda. Cresteamos
por encima de las ricas, evitando algunos tramos donde la nieve
se había convertido en hielo, cosa que lo hacía un poco peligroso.
Dos horas y media después, llegamos a la cima. Un gran cilindro de
piedras nos lo confirma. Faltan palabras para describir la
increíble panorámica que contemplamos: Picos de Ballibierna,
Russell, Margalida, Tempestades, la imponente cresta del Salenques,
Aneto, Coronas, Maldito y Maladeta delante de nosotros. Todos ellos
con una buena manta de nieve; a nuestra espalda, el valle del
Molières y los picos de Montardo y Besiberris entre otros. En
definitiva, un espectáculo!
Mientras David comienza a metrallear con su súper cámara de
fotografía, Alex y Albert sacan el pan y el fuet. El frío del
viento hace que nos pongamos la chaqueta. - David, para de
tirar fotos que nos congelaaamoos!!
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Alex a la salida de la cresta
© David Villacampa
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Macizo de la Maladeta
© David Villacampa
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Besiberris, Punta Alta, ...
© David Villacampa
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Pico del Aneto
© David Villacampa
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Ballibierna
© David Villacampa
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Russell y Brecha del Russell
© David Villacampa
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Margalida y Tempestades
© David Villacampa
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David, Alex y Albert en la cima del Molières
© David Villacampa
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Después de hacer la foto de la cima, iniciamos el descenso,
con mucho cuidado con el hielo. Será mejor que nos pongamos los
crampones.
Fué comenzar la destrepada del collado del Molières y parar de
soplar el viento. Volvemos a quitarnos la chaqueta y, incluso el
forro polar. Hace calor.
El descenso fué rápido. En una hora y media ja estábamos de nuevo
en el refugio. Es medio día, pero el Sol empieza a declinar.
Eso hace que nos preparamos las mochilas y empezamos la bajada.
David quiere llegar a la cascada de agua del inicio con un poco
de luz para intentar fotografiarla. Si sale bien, será
impresionante.
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Torrente en el Barranco de Molières
© David Villacampa
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En efecto. Los últimos rayos del día, se introducen entre las hayas,
haciéndola todavía viva. El agua de la cascada fluye con ayer, con
fuerza.
David monta el trípode y prepara la máquina. Puede ser la foto
perfecta. Todo pasa porqué el contraste de la luz y la posición
jueguen a favor.
Chino-Chano, llegamos al Hospitau de Vielha. Una última mirada al
valle, a la cima. Ahí arriba hemos estado?, que caña.
De vuelta a la "urbe", el café caliente del bar, nos hará
rememorar las experiencia vivida. Cual será la próxima?
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Compañeros: David Villacampa, Alejandra Trueba y Albert Torrent.
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Textos: Albert Torrent Fotos: © David Villacampa
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